Estar al volante implica más que habilidad: exige claridad mental, estabilidad emocional y reflejos activos. Sin embargo, ciertas decisiones fuera de la vía pueden poner todo eso en riesgo.
El consumo de algunas sustancias o no recuperarse adecuadamente después de una noche de exceso puede dejar secuelas más duraderas de lo que se cree. Es fácil subestimar el impacto que tienen sobre tu capacidad para tomar decisiones rápidas, mantener el control o reaccionar ante imprevistos.
Más allá de las consecuencias legales o laborales, lo más grave es el riesgo que esto representa para tu vida y la de quienes te rodean.
Conducir con responsabilidad comienza mucho antes de encender el motor.
